martes, 4 de marzo de 2014

VI- Conclusión-
Los envejecientes deben ser valorados por su sabiduría, experiencia y conocimiento. También por su aportación a nuestras vidas .Al llegar a esa etapa de la vida necesitan apoyo, comprensión, tolerancia, paciencia y sobre todo mucho amor. El amor hace que los tiempos difíciles sean más fáciles de soportar. Dios nos instruyó a amar siempre. No podemos rechazar o discriminar a los envejecientes .Nosotros los jóvenes del Colegio Calasanz podemos hacer una diferencia en la vida de los envejecientes. Ellos nos necesitan pues a veces sus familiares los llevan a asilos de ancianos con intención de abandonarlos y no asumir su responsabilidad con éstos. Por eso, nosotros podemos aportar a ese bienestar. Dios pide que apoyemos al necesitado y tengamos misericordia con éste. Dios está presente en cada envejeciente que ayudamos, lo que hacemos por ellos lo hacemos por Él. Al ayudarlos los bendecimos y nos bendecimos a su vez al ofrecerles ese servicio.


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