VI- Conclusión-
Los envejecientes deben ser valorados por su
sabiduría, experiencia y conocimiento. También por su aportación a nuestras
vidas .Al llegar a esa etapa de la vida necesitan apoyo, comprensión,
tolerancia, paciencia y sobre todo mucho amor. El amor hace que los tiempos
difíciles sean más fáciles de soportar. Dios nos instruyó a amar siempre. No
podemos rechazar o discriminar a los envejecientes .Nosotros los jóvenes del
Colegio Calasanz podemos hacer una diferencia en la vida de los envejecientes.
Ellos nos necesitan pues a veces sus familiares los llevan a asilos de ancianos
con intención de abandonarlos y no asumir su responsabilidad con éstos. Por
eso, nosotros podemos aportar a ese bienestar. Dios pide que apoyemos al
necesitado y tengamos misericordia con éste. Dios está presente en cada
envejeciente que ayudamos, lo que hacemos por ellos lo hacemos por Él. Al
ayudarlos los bendecimos y nos bendecimos a su vez al ofrecerles ese servicio.
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