IV- La experiencia de este servicio y su aportación a
mi crecimiento como cristiano y como persona.
La experiencia de haber servido a los envejecientes
del Hogar Plenitud Dorada me ayudó como
cristiano ya que reforcé mis valores cristianos y crecí espiritualmente. Demostré
el amor al prójimo, la compasión y piedad hacia al necesitado, el respeto al
anciano y ofrecí un servicio desinteresado. Apoyé a los envejecientes en esa
etapa tan difícil de sus vidas, son seres indefensos y no se le debe
discriminar ni rechazar por considerarse incorrectamente una carga para su
familia. Por el contrario, ahora es el momento de agradecer lo que hicieron por
ellos y por nuestra sociedad.
También crecí como ser humano ya que desarrollé aún más
empatía con el dolor ajeno. La virtud de la paciencia la utilicé tanto con
Maggie cuando me pidió ayuda para irse del hogar como con esta última y María
Luisa quienes cada vez que me veían me contaban o preguntaban las mismas cosas.
Yo las atendí sin molestarme o decirle que me repetían lo mismo. Ambas padecen Alzheimer,
una enfermedad terrible que nos afecta la memoria y es necesario ejercer
tolerancia, paciencia y misericordia con aquellos que la padecen.
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