martes, 4 de marzo de 2014

IV- La experiencia de este servicio y su aportación a mi crecimiento como cristiano y como persona.
La experiencia de haber servido a los envejecientes del Hogar Plenitud Dorada  me ayudó como cristiano ya que reforcé mis valores cristianos y crecí espiritualmente. Demostré el amor al prójimo, la compasión y piedad hacia al necesitado, el respeto al anciano y ofrecí un servicio desinteresado. Apoyé a los envejecientes en esa etapa tan difícil de sus vidas, son seres indefensos y no se le debe discriminar ni rechazar por considerarse incorrectamente una carga para su familia. Por el contrario, ahora es el momento de agradecer lo que hicieron por ellos y por nuestra sociedad.

También crecí como ser humano ya que desarrollé aún más empatía con el dolor ajeno. La virtud de la paciencia la utilicé tanto con Maggie cuando me pidió ayuda para irse del hogar como con esta última y María Luisa quienes cada vez que me veían me contaban o preguntaban las mismas cosas. Yo las atendí sin molestarme o decirle que me repetían lo mismo. Ambas padecen Alzheimer, una enfermedad terrible que nos afecta la memoria y es necesario ejercer tolerancia, paciencia y misericordia con aquellos que la padecen.

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